Sobreviví: una semana en el crucero de los Backstreet Boys

Entre el 3 y el 7 de mayo, cerca de dos mil fanáticas participamos del viaje que celebra los 25 años de historia de la boyband más importante de los 90. Juegos, fiestas y conciertos temáticos fueron la tónica durante las largas noches en altamar. Acá una de sus tripulantes chilenas quiso compartir lo vivido a bordo.

DÍA 0

Si alguna vez, a mis 8 o 15 años me hubiesen preguntado si llegaría el día en el que conocería a mi banda favorita, los Backstreet Boys, mi respuesta hubiese sido “no, nunca, jamás”. Porque aunque dicen que la esperanza es lo último que se pierde, también había que ser realistas, vivimos en Chile y mis papás ni siquiera pudieron llevarme a verlos al Festival de Viña de 1998, y no me quedó nada más que mirarlos por televisión.

Pero la vida da muchas vueltas, y siendo jueves 3 de mayo de 2018, tengo 28 años y estoy en Miami a punto de embarcarme con ellos en el Carnival Sensation de la compañía Carnival Cruise, embarcación con destino a las Islas Turcas y Caicos, en el océano Atlántico.

DÍA 1 – PRIMER ENCUENTRO

Es mediodía y estoy llegando al terminal E junto a mis compañeras de habitación, Yazmín (32) de México y María del Carmen (30) de Ecuador, dos chicas con las que hablé por dos meses a través de WhatsApp y que sólo conocí dos días antes de subirnos a esta aventura sólo apta para fanáticas… y algunos fanáticos. Esto no es sorpresa: así como pasa en los recitales, donde la mayoría del público es femenino, desde el momento en el que pongo un pie en el crucero, todo lo que veo son mujeres y más mujeres.

Luego de pasar por un control antimetales, hacer una fila y realizar el check-in que más tarde me serviría para conseguir una credencial que funciona como llave de la pieza; por fin entramos. Aunque es más pequeño que otros que existen en el rubro, el crucero es imponente, y sus 11 pisos nos reciben con decoración de Backstreet Boys en paredes, escaleras, ascensores y barandas, todas postales perfectas para fotografiarnos, sacar videos y saturar nuestras redes sociales.

Con mis compañeras nos dedicamos a recorrer los diferentes niveles, todos ellos alfombrados y con estilos que parecieran ser de otra década. Están las habitaciones —cuyos valores iban desde los 849 a los 1449 dólares, en una pieza para cuatro personas, y precios más elevados en modalidades triples, dobles o individuales—, y también hay un hall con una barra de tragos, teatro, casino, discoteca, salón de eventos y otro para cenar, el buffet que funciona durante casi todo el día —¡incluido un bar de pizzas!—, la cubierta al aire libre con una piscina, dos jacuzzis y un parque de toboganes que con sus curvas y colores decora uno de los extremos de la nave.

Algo es claro, siempre habrá algo que hacer, algún lugar que recorrer o alguien a quien ver, tal como sucedió cuando me crucé con Nick Carter vistiendo un gorro de lana y un bigote falso. Minutos más tarde, el mismo rubio estaría sacándose fotos con una fila de afortunadas fans.

Pasadas las 4 de la tarde, el crucero comienza a moverse y salimos del puerto. La postal de Miami queda atrás, y la mayoría de las casi dos mil pasajeras estamos en el piso al aire libre, ya que en instantes debería comenzar la “Sail away party”, la primera aparición de Backstreet Boys en un escenario ubicado al centro del barco, y donde ya hay grupos de fanáticas haciendo guardia. Varias de ellas sostienen corazones de cartulinas, cartón u otros materiales, adornados en su mayoría con las banderas de los países de los que vienen y con números 25, haciendo alusión a los años que la banda cumple este año 2018.

Aunque el día está mayoritariamente nublado y corre viento —a ratos se asoma el sol y pega fuerte, y luego llueve suavemente—, en la cubierta se vive una animada fiesta a cargo de un DJ invitado. Hasta que un griterío alerta la salida de la banda al escenario, siendo Brian Littrell (43), el primero de ellos. Le siguen Howard “Howie D” Dorough (44), Alexander “A.J.” McLean (40), Kevin Richardson (46) y Nickolas “Nick” Carter (38); todos disfrazados de piratas, con pelucas, gorros y espadas de fantasía, y con copas y botellas de alcohol en sus manos.

Lo que vino después se puede resumir en gritos, aplausos, más gritos, cámaras y celulares por todos lados, y más gritos. Los chicos sonríen, dan las gracias, hacen preguntas y luego… un importante anuncio. AJ avisa que en 14 días saldrá el nuevo single del grupo, acompañado por un video del que será el décimo disco de Backstreet Boys. ¿La respuesta del público? Más gritos, aunque algunos de ellos son acallados por tragos de champaña que los mismos cantantes dan en la boca de las fanáticas.

“Ain’t party like a Backstreet party!” (“¡No hay fiesta como una fiesta Backstreet!”), dice Howie para animar aún más la celebración que de fondo tiene la canción “I want it that way” en una versión remix. “Because a Backstreet party don’t stop!” (“¡porque una fiesta Backstreet no para!”), respondo junto al resto del público, como si se tratara de un ritual. Los chicos saludan otro par de veces, levantan sus vasos, cantan por encima de las canciones que pone un DJ en escena, se sacan algunas fotos y se retiran. Ya son cerca de las seis de la tarde, y con ello comienzan las actividades del cronograma que Rose Tours, la empresa encargada de organizar el crucero temático, nos envió días antes.

Debido a la gran cantidad de personas a bordo, se hicieron dos grupos —el A y B—, y así, mi primera actividad como integrante del segundo grupo, es “Double trouble”, un concurso de trivia donde dos equipos —Backstreet Back y Shark Attack— integrados por los mismos cantantes y fans, respondieron preguntas y jugaron a una especie de “sillita musical” pero sin música, o lucharon y bailaron en grandes trajes de sumo.

Hasta que llegó la primera fiesta temática de la noche, “Fast times at Backstreet High”, una propuesta que invitaba a revivir los personajes —o los clichés— de la escuela. Con mis amigas nos fuimos por lo sencillo y usamos faldas, blusas y calcetines largos; misma vestimentas que repetiría gran parte de las asistentes, y así lo reconocería Kevin, quien más tarde preguntó “¿por qué tantas de ustedes decidieron vestirse como estudiantes de escuelas católicas?”.

Cerca de la medianoche los Backstreet Boys vuelven a asomarse en el escenario. Esta vez, lo hacen de a uno. Primero Nick, quien al ritmo de “Pretty fly (for a white guy)” de The Offspring, viste shorts, camisa cuadrillé, lentes y mochila, rescatando la imagen del nerd.

Luego aparece Howie, quien luciendo jeans, chaqueta de mezclilla, una camisa amarrada en las caderas y una bandana en la cabeza; baila y canta “Rico, suave” del ecuatoriano Gerardo, un guiño a su rol de “chico latino” dentro de la banda.

Kevin es el siguiente, y con jeans rasgados, un chaleco medio andino, un beatle blanco y bloqueador en la nariz, se luce moviendo su larga cabellera al ritmo de “Hot for a teacher”, de Van Halen.

Le sigue Brian, que recordando su pasión por el básquetbol, modela shorts y camiseta deportiva, además de un polerón con su apellido bordado en la espalda, todo mientras suena “Jump” de Kris Kross.

El último es AJ, quien casi luciendo su look normal, sólo viste una polera de Shakespeare y una calavera en la mano, al tiempo que canta algunos versos de “St. Elmos Fire” de John Parr, banda sonora de El primer año del resto de nuestras vidas.

La fiesta de esa noche —y el resto de las jornadas— tendría una dinámica clara: los cinco se dedican a pasarla bien en el escenario, bailan y cantan sobre las pistas de las canciones que pone el DJ —no necesariamente temas del grupo, sino que de música popular en general, como NSYNC—, beben alcohol y lo comparten con algunas fanáticas en pistolas de agua, pero que en esta ocasión están cargadas de vodka. Pero el verdadero atractivo llega cuando los chicos se turnan para sacarse fotos o aparecer en nuestros registros, ya sea desde el escenario o bajo de él. Empujones, gritos, e incluso golpes, todo vale con tal de conseguir una selfie antes de que termine la noche, algo así como a las 2 o 3 de la mañana.

DÍA 2 – NUEVAS CANCIONES Y DISFRACES

La noche anterior no dormimos casi nada, porque el crucero se movió más de lo que nos hubiese gustado, tanto así que mis compañeras han tenido que tomar pastillas para el mareo y las náuseas. Dejando eso de lado, nuestra primera actividad del día es preparar la sesión de fotos oficial.

Debido a la gran cantidad de gente que hay, el día viernes sólo pasará el Grupo B… algo así como cerca de 1000 personas. Y aunque las imágenes se toman en grupos de 4 ó 5 fans, los chicos llevan casi tres horas posando cuando llega mi momento de pasar frente a la cámara en compañía de Yazmín, María del Carmen y un par de brasileñas que no tenían grupo. El encuentro es breve, pero se aprovecha al máximo. Primero saludo a Howie con un “rico, suave”, recordando su look de la noche anterior; AJ me abraza y pregunta de dónde venimos, Nick también saluda y luego Kevin, mi favorito, me abraza de forma cariñosa, y hace un comentario de mi pelo —largo, como el suyo—. Finalmente, Brian sonríe y abre sus brazos.

-Deberían volver al Festival de Viña, en Chile - le digo a Kevin rápidamente.
-¿Vinia? Recuerdo eso, fuimos hace mucho tiempo atrás - me responde.
-¡Sí, Vinia del Mar! - se suma Brian.
-Este año se cumplieron 20 años desde ese show y queríamos verlos allí. ¡Vayan!

Nos dicen que tenemos que ubicarnos, y yo elijo abrazar a Kevin y Brian, tal como lo habíamos acordado con mis amigas. Uno, dos, tres sonidos del lente de la cámara, y nos dan las gracias.

-Recuerda, ¡Viña del Mar! -le digo a Kevin en nuestro abrazo de despedida, mientras veo un gesto de aprobación.

Dos horas más tarde, nuevamente nos movemos por el crucero para asistir a una nueva actividad llamada “AJ Goes Country & Sneak Peak with Kevy Kev”. Esta vez hay una advertencia: no podemos llevar cámaras ni teléfonos, ya que nos harán escuchar canciones del proyecto en solitario de AJ y también del grupo que aún no salen al público, y no quieren que se filtren.

Lo que se vive en los siguientes minutos debe ser de las instancias que las fanáticas más esperamos experimentar en un crucero.

Por cerca de una hora, y luego de escuchar nuevos ritmos, nuevas letras y nuevas historias que no necesariamente formarán parte del disco final; el lugar se llena de aplausos, gritos y muchos “¡aaaw!”, especialmente cuando AJ o Kevin se emocionan al contar alguna anécdota.

Llega la noche y con ello una nueva fiesta temática: “We Got it Goin Con”, una mezcla de la canción “We’ve got it goin’ on” y Comic Con, nos da la oportunidad de disfrazarnos como nuestros personajes de cultura pop favoritos. ¿Mi escogido? Sailor Moon, otra integrante de mi listado de ídolos noventeros. Ése día, con mis amigas —vestidas de Lady Joker y Bulma, de Dragon Ball— nos ubicamos en la primera fila luego de que hiciéramos guardia desde las siete de la tarde con el objetivo de conseguir más fotos y saludos de Backstreet Boys. ¿Spoiler alert? Logramos algunas con Kevin y Brian.

Nuevamente pasada la medianoche, sus integrantes aparecen por el escenario, esta vez todos juntos y personificados como Deadpool (A.J), Thor (Nick), Joker (Brian), El Zorro (Howie) y Van Helsing (Kevin).

Al ritmo de “Shots” de LMFAO y Lil Jon, y al igual que el día anterior, los chicos se dedican a bailar, cantar, compartir tragos con las fans y pasar un buen rato en el lugar que una vez más está abarrotado de gente luciendo sus mejores trajes, o simplemente disfrutando de la música al aire libre. Hay grupos de amigas, hay madres e hijas, hay parejas jóvenes y también algunas adultas, como una proveniente de Miami, que con más de 50 años, se declaraba fan de BSB. “Éste es nuestro tercer crucero y los hemos visto varias veces más”, me dijo un hombre que perfectamente podría haber sido mi padre. “Lo primero que escucharon nuestras hijas fueron los Backstreet Boys, y ahora también lo hacen nuestras nietas”, agregó su señora.

Ése día, la fiesta nuevamente se extendió hasta pasadas las 3 de la mañana, y nuestros cuerpos ya comenzaban a sentir las primeras señales de cansancio. Y aún quedaban dos días más.

DÍA 3 – BEST. NIGHT. EVER

Tras pasar un día libre en Nasáu, la capital de Bahamas —luego que el mal tiempo en Islas Turcas y Caicos nos hiciera cambiar de ruta—, con mis amigas nos ubicamos en la piscina del crucero a eso de las cinco y media de la tarde. Era 5 de mayo, y así como en muchos lugares de México y Estados Unidos, a bordo se esperaba la celebración “Cinco de Howie”, una iniciativa que nos hizo reír con juegos con un gorro mexicano, shots de tequila y salsas picantes; todo mientras el “latino” de la banda compartía con las fans en el escenario principal.

Más tarde, pero en la zona de buffet, Nick se pararía por más de tres horas a fotografiarse con las fans. “Yo creo que se sacó selfies con la mitad del barco”, diría uno de los guardias de la embarcación. Pero lo mejor vendría más tarde, cuando pasadas las nueve y media, el grupo presentaría “BSB: Storytellers”, un formato que tendría a los chicos conversando y cantando en escena, compartiendo la historia detrás de canciones o de las épocas que han formado parte de sus 25 años.

Para esa cita, Backstreet Boys escogió clásicos como “Quit playing games (with my heart)” y “Get down (You’re the one for me)”, pero también canciones que no interpretaban hace años o que normalmente no muestran en vivo. Así desfilaron temas como “I wanna be with you” de su primer disco de 1996, “That’s the way (I like it)” y “Hey Mr. DJ”, de Backstreet back (1997); “Don’t want you back” y “Spanish Eyes”, de Millenium (1999); “Climbing the walls”, de Never gone (2009); “Inconsolable”, de Unbreakable (2007); “Straight through my heart”, “If I knew then” y “Bigger”, de This is us (2009); y “Show’ em (what you’re made of)”, de In a world like this (2013).

Si eso fue emocionante para muchas de nosotras, el cierre de la noche sería épico. La temática “Millennium Night”, donde todos debíamos vestir de blanco, nos sorprendió con un quizás improvisado recital donde interpretaron la totalidad del disco que lleva el mismo nombre. Ese hecho caló hondo en el corazón de las fanáticas, que a medida que avanzaban las canciones —decoradas con luces multicolor que contrastaban con el blanco de la ropa—, respondieron con más sonrisas, más gritos y más aplausos. La energía del público también llegó a los intérpretes, como a Kevin —conocido por emocionarse y llorar en muchas ocasiones—, y también Nick y AJ, quienes sufrieron el quiebre de sus voces, especialmente con “The perfect fan”, canción que originalmente fue dedicada a sus madres, y que hoy, a 25 años de su comienzo, dedican a sus parejas, hijos y fanaticada.

El llanto provocado por “Millenium” dio paso a más regalos para la fans, quienes bajo una increíble lluvia de madrugada pudieron disfrutar de canciones de discos a veces olvidados, como “Never Gone” o “Black and blue”. “¡Ésta es la mejor fiesta de todos los cruceros!”, repetían varias de las presentes, quienes recibían como respuesta cabezas asintiendo, abrazos o un grito destacando que ésta era la mejor noche de su vida.

Lo que siguió se puede dividir en distintas aristas, tal como fue el camino de los cinco integrantes de Backstreet Boys: AJ y Nick se lanzaron a la piscina junto a un grupo de animadas fanáticas, y luego volvió al escenario para cantar canciones rock, pop y punk rock junto a Nick. Howie se dedicó a sacarse fotos con una fila casi interminable de fans, y Kevin, en compañía de su amigo y guardaespalda, Keith McGuffey, se apoderó del bar y comenzó a regalar cervezas, vodka o lo que exigiera el público.

Eso, hasta que dieron cerca de las cuatro y media de la mañana.

DÍA 4 – GIRL POWER

Increíble. Inolvidable. Best night ever. Así describían las fanáticas lo vivido la noche anterior, muchas de ellas aún agotadas por el trasnoche, especialmente las que tuvimos que presentarnos a las 10 de la mañana para participar de un torneo de Blackjack cuya final tendría a AJ como anfitrión (para mi mala suerte, no clasifiqué, ya que sólo lo hacían las seis con mejores puntajes).

La tarde se dividió en las dos últimas actividades a cargo de dos de los BSB: una trivia sobre Backstreet Boys y su historia, junto a Nick; y una jornada de juegos y concursos de la mano de Brian y su esposa Leighanne Wallace, quien siempre lo acompaña en este tipo de instancias. Pero luego de lo vivido la noche anterior, el foco estaba puesto en lo que sería el cierre del crucero: la última fiesta temática, “Party like it’s 1993” (“Fiesta como si fuera 1993”), y la única pregunta que nos hacíamos era, ¿con qué vestimentas nos sorprenderían los chicos?

La elección no pudo ser mejor. Tal como lo publicaron ellos, la prensa y las redes sociales, los cinco decidieron dar vida a su símil femenino, las Spice Girls: Nick se vistió de Emma Bunton (Baby Spice), Brian de Mel C (Sporty Spice), Kevin de Victoria Beckham (Posh Spice), mientras que Howie y AJ encarnaron a Mel B (Scary Spice) y de Geri Halliwell (Ginger Spice), respectivamente. La ovación fue total y la fiesta se prendió aún más cuando el grupo interpretó —o por lo menos intentó interpretar— canciones como “Wannabe” o “Spice up your life”.

“Celebrando todo el poder femenino que nos ha mantenido por 25 años”, postearon más tarde en su cuenta de Instagram, mientras que en el crucero bailaron al ritmo de canciones de artistas como Gwen Stefani, Pink o Madonna. “Cuando suban sus videos y fotos, queremos que las compartan con el hashtag #SpiceBoys”, diría Nick cuando aún bailaban sobre el escenario en trajes que incluyeron vestidos, pelucas y zapatos con tacos o plataformas. “No sé cómo lo hacen para andar así”, bromearía AJ antes de ir a cambiarse de ropa, al igual que lo harían sus compañeros más tarde.

La noche terminó nuevamente con la banda separada en distintos rincones del crucero. Luego de una petición de matrimonio sobre el escenario, Howie y Nick continuaron bailando en el lugar, e incluso éste último invitó a algunas fanáticas que sorprendieron vestidas de dinosaurios inflables. Por su parte, AJ y Kevin hacían su propia fila para fotografiarse con las fans, y sin importar cuántas fuesen, o cuántas horas llevasen de pie posando para las cámaras, ambos compartieron sonrisas hasta casi el amanecer.

“No, gracias a ustedes por acompañarnos”, me respondió Kevin cuando llegó el momento de tomarme mi última fotografía junto a él, y le agradecí por la paciencia y amabilidad que mostró durante los cuatro días. “¡Que tengas un buen regreso, viaja segura!”, le decía a todas las que pasaban por su lado. Eso fue a las 5 y media de la mañana, cuando me retiré a tratar de dormir y aún restaba por lo menos un centenar de personas en la fila.

DÍA 5 – EL ADIÓS

Si las noches anteriores habíamos dormido poco, la última fue un récord. Pero a nadie parecía molestarle, ya que en el desayuno a las ocho y media de la mañana sólo se veían sonrisas y se comentaban los buenos recuerdos.

A esa altura, los Backstreet Boys ya se habían marchado —lo hacen temprano y antes que todo el resto de los tripulantes—, y sólo restaba terminar de comer, agarrar las maletas y bajar del crucero que nos había acogido por cuatro jornadas llenas de historias, música y buenos momentos.

Algunas amigas se despidieron en el buffet, otras en los pasillos o a la salida del puerto. Muchas de ellas se verían a la vuelta, o no lo harían porque las esperaban destinos separados por kilómetros e incluso océanos. Pero de seguro todas ellas se marcharon marcadas por la que fue una experiencia única e imborrable con su banda favorita, y que de seguro querrán repetir.

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Créditos: La Tercera
Fotos: Justin Segura